Hoy celebramos que el plan de Dios no se hizo en la soledad, sino en el calor de un hogar. Al regresar a Nazaret, María y José no solo volvieron a un pueblo, sino que abrazaron una misión de amor y obediencia.
Nazaret: El lugar donde todo florece
Nazaret (del hebreo Nasar o Natzar) significa “Flor” o “vastago que florece” y también sexasicia con la acción de “Vigilar, custodiar”. Es la sorpresa eterna de Dios:
Es Flor, porque allí la vida de Jesús creció en belleza y sencillez.
Es Vigilante, porque nos llama a estar atentos, a escuchar la voz del Padre y a responder con un “sí” valiente, tal como lo hicieron ellos.
La Escuela de Jesús
En la cotidianidad de su casa, José y María fueron los primeros maestros del Maestro. Ellos le enseñaron a Jesús a:
Escuchar la voz de Dios en el silencio.
Caminar hacia la sinagoga con alegría.
Fascinarse con las promesas de los Profetas.
¡Qué maravilla pensar que el Salvador del mundo tuvo una familia como la nuestra! Una familia que reza, que trabaja y que enseña con el ejemplo.
Nuestro Legado: La Trinidad en la Tierra
Como nos recordaba nuestro Fundador, Pedro Bienvenido Noailles, la Sagrada Familia es mucho más que un recuerdo histórico; es nuestra imagen de la Trinidad en la tierra.
Estamos llamados a reflejar esa comunión divina en nuestras propias casas, viviendo en unidad, servicio y alegría. Que hoy, al mirar a Jesús, María y José, renovemos nuestro deseo de ser “Nazaret” para el mundo: un lugar donde Dios siempre es escuchado y donde el amor siempre florece.
¡Que la Sagrada Familia bendiga cada uno de nuestros hogares!
Hna. Ana María Álvares